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22.10.14

Un segundo

Un día la vida me prestó un segundo.
Me lo dejó en la mano y no me dijo nada.
Me miró.
Recuerdo su mirada como recuerdo mi primer sueño.

Estaba calientito. El segundo.
Saltaba de un lado a otro como uno de esos frijolitos locos que venden en las ferias.
Se me quería escapar.
Quería vivir.

Quería salir corriendo y experimentar el viento;
sentir al padre sol quemar la lluvia;
sentir las alas de los pájaros migrando con urgencia al primer aviso del frío.
Quería verme a los ojos y entender porqué la vida me escogió a mi para guardarlo.

Me le acerqué despacio.
Puse mis labios entre mis dedos como si le fuera a decir un secreto a alguien del otro lado.
Me atreví a abrir la boca, y antes de que lograra procesar cualquier sonido,
el segundo se me metió corriendo y se resbaló de mi lengua cayendo y cayendo por mi traquea
desaparecido por quién sabe donde; se quedó allí dentro,
viviendo para siempre.

Aquí ando pues,
esperando a que la vida regrese por su segundo prestado,
y sabrá dios con qué cara le voy a decir que me lo he tragado.

22.9.14

Confieso

Me gusta que la vida parezca una aventura a pesar de que no lo sea.

A todos nos gusta el engaño;
nos gusta encarar a la encrucijada que nos da el poder;
que nos hace pensar que existe la capacidad de decidir el futuro.

El porvenir,
por donde lo mires,
es hermoso.

Duele. Sangra.

A veces no.

Huele a mar. Huele a tierra.

El porvenir,
insisto,
es hermoso por el simple hecho de ser aquello que en el Universo reside.

Sí;
estoy insinuando que todo lo que habita al Universo es hermoso; 
y que lo único que realmente habita es el porvenir;
y que habitar al universo no es vivir la vida nada más;
o aparentar que se vive la vida como si fuera más que un lapso de tiempo entre
un corazón y el otro; 
entre pum pum y pum pum.

La vida es eso;
sólo eso.

Es como una mujer y sus muchas caras.
Una mujer hermosa que se esconde entre sus labios y sus quéhaceres;
una tal por cual y una reina;
una habitación y una oficina llena de burócratas;
un paisaje sin sentido y un camino abierto.
Sólo eso.
Una vagina habitando al Universo; dejándose habitar entre adjetivos.

Me gusta la vida mujer. Confieso.

26.6.14

Porque puedo...

Puedo decidir estar triste. 
Configurar el todo y estar.
Ese poder me asusta.
Son los segundos en los que nos volvemos pequeños dioses
(y digo pequeños porque me asusta no decirlo).

Porque puedo me dejo llevar y cuando me doy cuenta me arrepiento.
Casi siempre me arrepiento.
Aunque pasé muchos años de mi adolescencia predicando el odio al arrepentimiento,
sigo cayendo en las provocaciones de los egos ajenos
(y del que me habita)
más seguido que de vez en cuando.

Dejarse llevar por aquellos es realmente deplorable
y habla muy mal de nuestra raza (la humana, porque es la única que existe).
Si soy capaz de configurar el ambiente para manipular mis emociones,
¿por qué no soy capaz de detenerme cuando los egos ajenos me provocan?
¿por qué caigo redondita ante su más mínimo aviso?
Me molesta mucho no poder usar al instinto como excusa:

tú, me molestas (mucho).

27.3.14

Parking lot

Escribir que en la simpleza de un jueves las palabras me atormentan; la idea del hielo que no se debilita como si fuese un lago y mi sangre, juntó con el, que se alborota. 

Nos desbarata la lluvia. 
Nos confunde la inevitable ida y venida de la primavera. 
Te necesito. 
Ahora. 
Más cerca. 

Tu realización es nuestra destrucción. Destrucción temprana que me grita... 

Soy la flacura del hielo paralizada en el estacionamiento de un invierno que nos recuerda que si existe el infierno. 

28.12.13

#Palabra

Soy el destiempo de una vela;
me acurruco en el desvelo
mientras procuro algún tipo de consuelo. 

Soy una luz honesta; 
juguetona ilusión del frío que habita,
terrible coincidencia entre el aquí y el ahora. 

Soy con lentitud y pereza,
y si lloro desaparezco.